<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327182268195550833</id><updated>2011-04-21T14:46:28.164-07:00</updated><title type='text'>Ojearte</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://ojearte.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327182268195550833/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ojearte.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Carlos F. Reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04274319385960264799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327182268195550833.post-8165569789199423723</id><published>2008-04-19T09:12:00.002-07:00</published><updated>2008-04-19T09:27:06.663-07:00</updated><title type='text'>Sólo Dios sabe si vuelvo</title><content type='html'>Sólo Dios sabe si vuelvo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Enciende el motor, acomoda el espejo lateral y abre la puerta. Amanece y los pasajeros comienzan a subir con desgano. Recibe el dinero, corta los boletos y da el vuelto. Escucha el pito de la garita, indicándole que debe partir. Mira por el espejo, embraga, mete primera, acelera. Al llegar a la esquina frena ante el semáforo en rojo, mira por el retrovisor, calcula el número de pasajeros y piensa cuánto dinero va a ganar durante la jornada. Mira la hora de reojo, embraga, mete cambio, acelera, activa el señalizador, rebasa a una camioneta, embraga, pasa a segunda, escucha el timbre, acelera, calcula la distancia hasta la parada, tiene que recuperar la primera fila, deja pasar a la camioneta, embraga, saca el cambio, frena, abre las puertas. Dos escolares suben empujándose, cierra, siente un escozor en la ingle, acomoda las monedas en la caja, estira unos billetes, quiere rascarse, mira la numeración del último boleto que cuelga del rollo como una lengua de papel, embraga, acelera, mete segunda, señaliza, dobla a la derecha, se rasca la ingle, la rueda trasera se sube a la vereda, toca bocina, escucha el timbre, frena, abre. Le dan ganas de orinar, acelera, frena, dobla a la izquierda, mete cambio, siente sed, acelera, el bus 318 lo adelanta robándole pasajeros, sus nervios se crispan, sus manos se cierran con fuerza sobre el volante, bruscamente pasa a segunda fila, mete segunda, acelera, pasa a tercera, acelera, va más rápido, vuelve a calcular el número de pasajeros, el bus cobra mayor velocidad, adelanta al bus de la competencia, va cada vez más rápido, una señora se queja de que no se detuvo en la parada, siente una puntada en el estómago, mete cambio, frena. Comienza a sentir calor. Suben tres obreros, da vuelto, cierra, acelera, le sudan las manos, se saca con dificultad el chaleco verde que le tejió su mujer, una manga se engancha en el reloj, da un tirón y rompe el tejido, los vehículos pasan a su lado como animales ansiosos, el 318 lo adelanta nuevamente, divisa el foco verde detrás de un árbol, “¿alcanzaré a cruzar?”, acelera, pero la luz cambia a amarilla, va a acelerar pero escucha el timbre, frena, abre, una anciana baja l-e-n-t-a-m-e-n-t-e por la puerta trasera, pierde de vista al 318, embraga, acelera, un taxi aparece por la izquierda, se cruza sin aviso, no alcanza a detener el autobús, le da un topón, el taxista se baja, comprueba los daños, lo insulta...él saca un fierro, se baja, lo golpea, le destroza el cráneo ahí mismo, en la cuneta, las mujeres gritan, lo llevan preso, el autobús queda botado, le meten juicio, va a la cárcel, su mujer lo va a ver los domingos, pasan los años, sus hijos crecen, su mujer lo engaña, sale en libertad, la sorprende in fraganti, la mata ahí mismo, en la cama, va a la cárcel...el taxista vuelve a su coche, él sube al bus, embraga, mete primera, acelera, cobra, da vuelto, llega al terminal. Son las tres de la tarde.&lt;br /&gt;Se estaciona a un costado de la garita, saca un sandwich y se lo come despacio. Con los ojos entrecerrados mira el reverbero del calor sobre el tierral manchado de petróleo mientras el sudor le corre por el cuello. El aire huele a aceite quemado, tiene sed, le arden los ojos, le duele la espalda, le aprietan los zapatos. Traga el pan seco, mientras recuerda que en quince minutos más debe volver al volante y que aún le quedan doce horas de trabajo porque ese día le corresponde cumplir con el turno de noche.&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;i&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;Carlos F. Reyes&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327182268195550833-8165569789199423723?l=ojearte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ojearte.blogspot.com/feeds/8165569789199423723/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8327182268195550833&amp;postID=8165569789199423723&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327182268195550833/posts/default/8165569789199423723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327182268195550833/posts/default/8165569789199423723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ojearte.blogspot.com/2008/04/slo-dios-sabe-si-vuelvo_19.html' title='Sólo Dios sabe si vuelvo'/><author><name>Carlos F. Reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04274319385960264799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327182268195550833.post-6238168532332769149</id><published>2007-11-13T05:57:00.001-08:00</published><updated>2008-04-19T09:31:13.484-07:00</updated><title type='text'>En busca del tiempo perdido</title><content type='html'>El estilo fotográfico de Henri Cartier-Bresson se ha comparado con el accionar de un arquero zen que acecha a los personajes, calcula los próximos movimientos de la presa y cuando toda la escena está a punto de cobrar sentido pone la cabeza, el ojo y el corazón en el disparo.&lt;br /&gt;Esto es precisamente lo que salta a la vista en “Detrás de la estación San Lázaro” (Ver foto más abajo). Aquí el punctum, la marca notable, el pinchazo que llama la atención, aquello que lo sobrecoge, eso que reclama su atención (Barthes, 1982, p. 65), es el salto del hombre que parece huir de la escena corriendo hacia la derecha del espectador, remedando a su vez el salto de la figura en el muro que brinca en sentido opuesto. El resto de la escena prácticamente carece de interés. Todo indica que HCB seguramente “vio” la foto antes de que ocurriese el salto, la intuyó –siguiendo así los lineamientos surrealistas que había recibido en su formación artística y en sus encuentros con los artistas surrealistas. “Bretón me hizo comprender el papel de la expresión espontánea y de la intuición [...]”, y la grabó en ese efímero 1/125 de segundo que tardó el obturador en dispararse.&lt;br /&gt;El punctum se sitúa de manera inequívoca en esa promesa de encuentro entre el taco del sujeto que salta y la superficie del agua. Cuando vemos la imagen suspendida en el aire, que no cae nunca, que desafía la gravedad, resulta difícil dejar de imaginar ese vértigo de caída anunciada del hombre que permanece embalsamado en ese tiempo sin tiempo, justo cuando el reloj de la vida se detuvo. El rebote se potencia aún más por la imagen especular que duplica el brinco. Ambas figuras saltan al unísono pero en sentido opuesto. Como si huyeran del pasado que va engullendo el presente mientras el hombre y su sombra saltan para reencontrarse en un futuro promisorio, pero inexistente.&lt;br /&gt;Como se aprecia, el punctum irradia contenidos, excita la imaginación, incita a establecer relaciones más amplias pues “tiene más o menos virtualmente una fuerza de expansión...fuerza que es a menudo metonímica”. (Barthes, 1982, p. 90)&lt;br /&gt;Y de manera similar a lo que ocurre con la persistencia retiniana, procedimiento mediante el cual las imágenes que vemos se mantienen durante una fracción de segundo en nuestra memoria para luego unirse a las siguientes -única forma que tenemos los seres humanos de percibir el movimiento-, “vemos” (imaginamos) simultáneamente los tres momentos clave de la cuarta dimensión: un antes, un ahora, y un después. Al ver los rizos del agua en torno a la escalera, no podemos dejar de imaginarnos la carrera del hombre saltando por sobre los travesaños así como tampoco podemos sustraernos a la imagen del chapuzón que se producirá cuando el hombre caiga, aplaste la superficie, quiebre la imagen y rompa el encanto del tiempo detenido, esa suerte de eterna juventud fotográfica que todo lo envejece. Es el voyeurismo llevado a la exaltación, aquel que no se materializa en la retina sino en la imaginación.&lt;br /&gt;La imagen definitiva no la ve el operator (Barthes, 1982, p. 38) en el instante que dispara, sino antes de que ocurran los hechos. Es decir, el operator la ve primero en su imaginación no en la realidad. La paradoja es que HCB ve lo que ordinariamente no se ve, pero él actúa sobre la realidad para que luego pueda verse: es el tiempo retenido.&lt;br /&gt;La problemática planteada en la obra se reconoce entonces en la detención del movimiento y, por ende, en la suspensión del transcurso temporal. Lo asombroso es que no vemos al sujeto anónimo que un día nublado le dio por saltar el charco, ni tampoco vemos un objeto, no tiene ese carácter pese a lo tautológico de la imagen fotográfica. Lo que vemos es su espectro (Barthes (1982, p.46), su sombra, la que nunca fue. Y ese “ahora”, ese tiempo atascado, que nadie puede ver en la realidad a causa de la velocidad del movimiento, que nos sitúa en una suerte de ceguera frente a la existencia, ese presente siempre inasible, la vida que se nos escapa, surge como una revelación de la realidad, gracias a la máquina que atrapa la luz manejada con el ojo certero del arquero budista Cartier-Bresson. “El aparato fotográfico es para mí un cuaderno de croquis, el instrumento de la intuición y de la espontaneidad, el maestro del instante que, en términos visuales, cuestiona y decide al mismo tiempo.”&lt;br /&gt;El análisis de la imagen con el tiempo retenido –cuando el autor “sorprendió a la vida en flagrante delito”, como el mismo afirmó en alguna de las escasas entrevistas que concedió-, nos lleva a reflexionar acerca de la Muerte puesto que “Todas las fotografías son mento mori [...] Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan el paso despiadado del tiempo”.(Sontag, 1981). El propio autor confiesa que efectivamente se planteó la posibilidad de “establecer un diálogo entre el movimiento de la cámara y el gel de la imagen fija, entre el presente y el pasado”.&lt;br /&gt;De modo que la imagen borrosa que vemos de ese hombre, que ya está muerto, esa sombra parduzca que salta por llegar a tierra firme, que se quedó para siempre fuera de la vida hace 73 años, ahora es inmortal, se quedó congelado en esa fracción de eternidad que le regaló Cartier-Bresson. Y es que la fotografía no hace sino robarle tiempo a la muerte. No es extraño, por tanto, que en el portal de Internet del autor, sus amigos pusieran tras la muerte del artista un manuscrito suyo cuya traducción del francés dice.” El tiempo pasa y desaparece y sólo nuestra muerte logra recuperarlo. La fotografía es como una cuchilla que secciona para la eternidad el instante que la ha deslumbrado”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color:#ffcc00;"&gt;Carlos F. Reyes&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327182268195550833-6238168532332769149?l=ojearte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ojearte.blogspot.com/feeds/6238168532332769149/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8327182268195550833&amp;postID=6238168532332769149&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327182268195550833/posts/default/6238168532332769149'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327182268195550833/posts/default/6238168532332769149'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ojearte.blogspot.com/2007/11/en-busca-del-tiempo-perdido.html' title='En busca del tiempo perdido'/><author><name>Carlos F. Reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04274319385960264799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
